11 de noviembre de 2009



Hace unas noches no lograba dormir y decidí hacer cuentas de cosas. Es que hace años que las ovejas se cansaron de saltar y saltar hasta que les llegaba el sol.

Este año he dormido en unas treinta camas, un poco más, un poco menos. También dormí en el suelo, en bolsa de dormir, unas veinte veces -en habitaciones ajenas, en colchonetas, en algunas terminales, en un hostal sin camas-. Un par de veces dormí en el piso de una fiesta, sin abrigo, inundándolo todo con mi vómito, tan desecho como me es posible. También dormí en buses, decenas de ellos, de los cama, de los normales y de los de mierda de dos pisos a punto de irse por un abismo y de llevarse al infierno a cincuenta bolivianos que buscan un futuro mejor. Tuve que dormir en un sofá por dos noches y no dormí porque vi televisión hasta que los pájaros cantaron y el sol salió. A veces me acuesto a todo menos a dormir. He dormido muy solo y he dormido muy bien acopañado. He dormido bien y he dormido mal y me he levantado con la espalda adolorida y el dolor me ha durado semanas. No he dormido. He visto muchos amaneceres y he tenido días de setentaymuchas horas.

He salido a caminar a horas no recomendables por ciudades que apenas conozco en busca de oscuridad y algo indefinido que a veces toma la forma de la palabra "paz" y a veces la de "vida" y me he metido por callejones que huelen a orina y que resultan no tener salida y he terminado tomando alcohol para conciliar el sueño y apaciguar los demonios.

Mi hermana hace un par de días me contó que cuando no se puede dormir se acuerda de una vez que éramos muy pequeños y a ella no le daba sueño y yo le dije que pensara en blanco, que viera blanco, y dijo que hace eso y que es como una luz que la abofetea y que efectivamente se duerme. Yo no recuerdo de qué ocasión habla. Luego dijo que cuando yo no estaba se acordaba de eso y se dormía pero se dormía muy triste.

A vece duermo y sueño todo tipo de cosas. Sueño o imagino que soy polvo y me voy por ahí y me desaparezco como siempre he anhelado en secreto. A veces sencillamente pasa que me deshago, que estoy de pie y los átomos empiezan a huír -y lo puedo sentir y se siente bien- y me vuelvo un pequeño, corto y silencioso pppffffffffffff.

¿Alguna vez te preguntaste? (38)

18 de octubre de 2009

Yo vide

Travel is dangerous


He visto montañas cubiertas de hielo, alejadas de la sociedad de la náusea y he visto selvas hirvientes y sudorosas y ciudades sucias e infectas con edificios de mentiras y he visto miles y miles de personas caminar con prisa hacia todas partes y hacia ningún lado y he visto hombres morir sangrantes y arrepentidos y los vi también recién nacidos envueltos en placentas y llorando por haber llegado a este mundo y he visto mujeres felices y niños con hambre y he visto mis pies y mis manos y mi reflejo en un espejo y he sentido asco.

He estado aquí y allá y en todas partes.

Y lo he odiado todo.

21 de septiembre de 2009

He tratado de decirte de todas las formas posibles que soy lo peor que pudiste conseguir

That's how the world ends

Al menos aprendí que cuando alguien te dice “vámonos”, cuando una persona te toma una noche de la mano y te dice “huyamos”, no hay que pensarlo dos veces. Hay que correr, tomar los tres trapos que han sobrevivido y echarlos con prisa en la mochila, hay que juntar las monedas y sacar los tres billetes de su escondite, hay que escribir una nota que diga “voy a estar bien” para luego tomar un taxi que los lleve a un bus, a un avión, a un bote, a un almacén de bicicletas. Hay que agarrar la mano de esa persona y sonreír y decirle “bueno” y besarla y besarla y besarla y besarla hasta haber llegado a ese destino que no importa, que puede ser ningún lugar, que seguramente será ningún lugar.

No, no hay que regresar a “casa”. Entre otras cosas porque tus proyectos seguirán siendo sólo proyectos estés donde estés. Entre otras cosas porque siempre “estarás mejor allá” de lo que “estás aquí”; porque, estés donde estés, ése siempre será el peor lugar y habrá algo perfecto esperándote en otro lado; porque por eso es mejor el movimiento, el que se queda quieto se estanca y se hunde y pierde. Porque en “casa” (o lo más cercano que tengas a ello) estás “tú” y están los “tuyos” y está lo “tuyo” y en verdad que ya no te soportas más y mejor desapareces. Porque hay que ser muy imbécil y muy testarudo para no darse cuenta de que una persona que te dice “ven conmigo” también te está diciendo “no importo yo, no importas tú, importamos nosotros” y “estoy dispuesta a muchas cosas” y también “por favor” y “no importa lo que pase”. Porque hay que ser un idiota para no darse cuenta de que hay pocos lugares donde estarás mejor que junto a ella.

Porque hay que hacer parte de la peor clase de ser humano para darse cuenta de lo anterior y aún así decir “no”. Porque hay que ser realmente un cretino para ver a esta persona a los ojos y decirle con el mayor tacto posible “gracias pero no porque soy demasiado estúpido”. Porque sólo un canalla la abandonaría así como así. Porque entonces, una, dos, tres semanas después estarás atrapado en la misma mierda de siempre, la misma mierda de la que has intentado huir toda la vida y que ahora te llega al cuello de nuevo; esa mierda que te ha llevado a tus escapes mediocres, a tus explosiones de baja potencia; y te arrepentirás y será demasiado tarde. Siempre cuando te das cuenta ya es demasiado tarde para cualquier cosa. Y ahí es cuando notas la verdadera falta que te hacen un buen par de cojones y un baño de sangre que acabe con tantas ambiciones.

Pero a esas alturas ya todo se ha ido al carajo y el remolino de excremento de siempre se ha devorado la mitad de tu cuerpo.

He tratado de decirte de todas las formas posibles que soy lo peor que pudiste conseguir.


Ciudad Infierno, Mayo 20 de 2015



18 de septiembre de 2009

Apuntes varios (1, 2 y 3)

1.
Can I start? Philip asked, but Baines didn't hear; he presented in his
stillness and attention an example of the importance grown-up people
attached to the written word: you had to write your thanks,
not wait and speak them, as if letters couldn't lie.
But Philip knew better than that, sprawling his thanks across a page
to Aunt Alice who had given him a doll he was too old for.
Letters could lie all right, but they made the lie permanent:
they lay as evidence against you; they made you meaner than the spoken word.
(The basement room, 19 Stories by Graham Greene, Bantam books, 25 West 45th st., New York, N. Y., USA, Febrero de 1960)
2.

Era una de esas noches en las que sólo sentía deseos de conseguir un gancho de los que se usan en las carnicerías para colgar pedazos grandotes de carne fría y húmeda que la gente va seccionando para llevarse a su casa.
Conseguir el gancho, insertarlo con cuidado por el ombligo y halar con fuerza, con las dos manos, hacia arriba, a volver a sacarlo por la boca como si el gancho fuera un anzuelo y él algún tipo de pez deforme; desencajar la mandíbula, desprenderla y dejarla ahí colgando.
Luego, juntar las últimas fuerzas y abrirse como se abre un presente, un obsequio que ha sido envuelto con mucho cariño y no poca destreza. Regalarse.
Al final se quedaría ahí, con las tripas expuestas, esperando a que los curiosos y los insectos cumplieran con sus deberes.

3.

18 de agosto de 2009

Por estos días

Conseguí un empleo. Por estos días."Mientras sale algo mejor".
A ratos, cuando el jefe se distrae, me pongo a dibujar.
Dibujando y contando chistes malos. En eso se me va el día.
Cuando me dé cuenta tendré cincuenta años y renunciaré a la oficina de correos.
Frogger

13 de agosto de 2009

Apuntes varios (I, II, III y IV)


I

Son las dos de la mañana y caminamos por el centro bebiendo de una botella de Vodka barato que robamos de un bar del que nos acaban de echar. La botella está por terminarse, todo está cerrado y no hay un alma que nos interrumpa mientras recorremos calles estrechas sobre las que cae una leve llovizna que empezó hace horas y que, sabemos, no se detendrá hasta después del amanecer. En el bar nos aguantaron un rato largo, llegamos temprano y compramos cervezas y aguardiente y luego más cervezas y más aguardiente hasta que llevábamos mucho tiempo siendo los únicos clientes y nos pidieron que nos fuéramos. Es festivo, es un día de celebración patrio y el centro está completamente muerto, congelado, no hay sorpresas o peligros en sus recovecos, es más nuestro que nunca.

Como siempre, estamos a destiempo, desfasados. Todos duermen y descansan mientras nosotros caminamos, en silencio, juntos pero a suficiente distancia uno del otro, con un destino fijo pero desviando la ruta caprichosamente. La ciudad se ve hermosa y una luna gigantesca y ligeramente rosada la ilumina abriéndose paso por entre las nubes, justo encima de la más alta de las montañas. Esta es la primer noche en la ciudad en mucho tiempo para uno de nosotros y la última para otro. Somos tres y nos conocemos hace tantos años que a veces nos quedamos sin palabras y parece que no es necesario que hablemos porque ya lo sabemos todo.

El alchol, el silencio y el camino se terminan al tiempo. Alguien pregunta algo con el fin de aclarar algún punto borroso de la conversaicón de la noche y luego nos vamos a dormir.

Podría decirse que a la mañana siguiente uno de nosotros ya está en camino a otra vida pero sería impreciso porque también es posible que ese camino lo hubiera emprendido mucho tiempo atrás, quizás meses, quizás años, que lo hubiera empezado sin saberlo una tarde en la que los mismos tres nos sentamos en un bar a pensar qué sería de nuestras vidas en cinco meses, en cinco años.

II

Ayer hace cinco años estaba en una estación de transmilenio esperando un bus a mi casa a las cinco de la tarde. Venía del entierro del hermano de un amigo y acababa de despedirme de todos, acababa de quedarme solo.

Sonó el celular. Era mi prima, me preguntó dónde estaba, me dijo que me fuera rápido al apartamento a recoger ami hermana. Me contó -y se le quebraba la voz- que mi tío se había matado en la madrugada.

Corté. Perdí el sentido.

Algunos amigos me encontraron por casualidad y me ayudaron a tomar el bus.

III

Desde que recuerdo hay en la cocina, sobre el refrigerador, un radio reloj que mientras mi mamá está en la casa sintoniza la cadena básica de Caracol.

Hoy hace diez años era día de elevar cometa en mi colegio. Una vez al año, en las primeras semanas de Agosto, nos daban un par de horas para salir a los campos de fútbol y volar cometas con los amigos.

Cuando me desperté fui a la cocina para saludar a mi mamá y desayunar juntos. Escuchamos a Darío Arizmendi -y se le quebraba la voz o hacía que se le quebraba la voz o yo recuerdo como si se le quebrara la voz- decir que acababan de matar a Jaime Garzón. Ese año no volé cometa. Al año siguiente me cambié de colegio.

IV


8 de julio de 2009

Carmencita


Cementerio general, Santiago de Chile






16 de junio de 2009

Bloomsday

Suena la alarma. Seis en punto.

L. estira el brazo y la silencia.


- Agh, ¿pones la tuya en quince minutos?
...

- Seis horas, treinta minutos, hora de levantarse -repite la voz de una mujer desde un teléfono celular.

L. estira el brazo y toma el reloj, se depereza, se levanta. An. se refriega los ojos.

- No te vayas, quédate.
- No puedo.
- No importa, quédate.
- Tengo que encontrarme con esta gente.

Además tu querida compañera de habitación no tarda en llegar.

- ¿Sabes dónde carajos están mis bóxers?


L. se levanta del piso con unos calzoncillos en la mano.

A qué hora terminaron allá.
A qué hora terminé acá.


Termina de vestirse.

- Está haciendo mucho frío.
- Ponte algo de ropa.

Si a este imbécil no se le hubiera ocurrido poner la cita a esta hora.


- ¿Pudiste dormir?
- Como hora y media.
- Tienes que dormir.
- Otro día.
- ¿Sacas la basura?

L. abre la puerta de la habitación en silencio, se desliza por un pasillo, entra a un baño, orina, se lava la cara. Cuando regresa, An. tiene puesto un piyama.

- ¿No vas a ir a tu clase?
- Voy a quedarme durmiendo.
- Bueno. Nos vemos luego.
- ¿Quieres algo de desayuno?
- No. Adiós.
- Xau.

L. besa a An., se abrazan, se besan de nuevo. An. se acuesta, L. la arropa, toma una bolsa llena de basura del suelo y se escabulle de la habitación sin mirar atrás.

Quedan un pasillo, dos puertas, un callejón largo y una reja. Mejor si nadie me ve.

...

Hace frío y nada que amanece. La basura en su lugar. Alcanzo a pasar por mi "casa", bañarme, desayunar algo. Carajo, espero que ya hayan solucionado el problema del agua fría. Con este maldito resfrío no me conviene bañarme con agua fría. Hace como cuatro días que no me baño, ya es hora. ¿Cuántas cuadras son? una, dos, tres, cuatro, cinco, doblo a la derecha, por el callejón a la izquierda, timbro, que me abran y me miren mal. Culpa de ellos por no darme llaves. Maldito lugar de los mil infiernos, cómo lo detesto. Estaría bien mudarme pero no tengo tiempo para buscar un sitio mejor. Sigue siendo de noche, eso está bien. Debería dormir un poco. Hoy es el bloomsday, que sea un buen día. Como raro, saliendo de noche, entre sombras, por la ventana, saltando rejas, sin que me vean, jugando al back door man, huyendo. Bien vale la pena. Primer persona que me cruzo, vestido, corbata. Oficinista que va al trabajo. Envidiable. ¿Cómo me veré?, un desastre, eso es seguro, ¿qué pensará de este tipo que se arrrastra a estas horas y por estas calles? Cuánta prisa, como si fuera a perder el tren. ¿El metro ya abrió?, claro, van a ser las siete. ¿A qué hora amanecerá? Hoy no hay perros que me sigan, extraño, estarán en el parque, me dejaron solo. Luego voy y los visito, los echo de menos. Ahí va otro, que se le escapa la vida, "corramos, corramos, no importa a dónde vamos", decía. Bonitas calles solas. Bonitas calles con charcos. En una hora estarán inundadas de adolescentes que van a la universidad. Mejor huír antes de.

El timbre suena, pasan algunos segundos y suena de nuevo.

- ¿Quién es?
- Yo.

La puerta se abre. La casera le da paso a L.

- Gracias.

Que no me diga nada. Todo es culpa de ellos por no darme llaves. Todo es culpa de ellos. Yo pregunté si podía llegar a cualquier hora y dijeron que sí. Todo es culpa de ellos. A la cocina primero, tengo hambre. Hmmm, no me queda leche, sólo un par de panes. Tendré que robar un poco de café de nuevo. Caliento el pan en el microondas, uso su mantequilla y su mermelada, me sirvo un café. Agh, no quisiera ir a la reunión de ahora, es una pérdida de tiempo. Pero no me gusta quedar mal. Si tan solo. Listo, al segundo piso, descargo la mochila, me doy una ducha, me cambio de ropas. "Llevas cuatro días con la misma ropa", dijo. Qué quería, todo este tiempo estuve viviendo en su casa.

...

Al final L. no se baña porque el agua, efectivamente, está fría. Se harta de todo y decide dormir un poco más. Alguien lo desiperta, se le hizo tarde. Maldice todo el día. Se aburre. Se desespera. Se angustia. Se baña de mala gana pero sin echarse champú y se va para algún lado y se encuentra con amigos. Hablan pendejadas. Aparece An. Disimulan, no se conocen. Alguien, una autoridad en algo, le agarra el ego a patadas y L. sólo pude darle la razón. Huye. En el metro observa a la gente y queda intrigado por un par de tipos con una linterna muy pequeña que proyecta mujeres desnudas. L. decide caminar.

L. trató. L. siempre intenta. L. perdió. está acostumbrado. L. siente asco de sí mismo y de la mayoría de cosas a su alrededor. L. es un ser triste y enfermizo y lo sabe. L. experiemtna muchos sentimintos nuevos y no sabe cómo reaccionar. L. cree que ya no es el de antes -pero de pronto sí-. A L. últimamente le encanta mandar las cosas -y a veces a las personas- al carajo.

L. va al centro, camina, cuenta mujeres con vestidos rojos (13 hasta el momento en que sencillamente se le olvida seguir), cambia unos pocos dólares, entra a su café de confianza y pide un cortado y un emparedado de jamón y queso, seguramente dibuja un rato en su libreta mientras piensa qué carajos hacer con su vida. L. está harto, quiere irse de esa ciudad, quiere botarlo todo. Maldice todo el día. Se aburre. Se desespera. Se angustia. Se frustra. Decide que el tiempo ha llegado, que se va, que abandona de nuevo. Respira un poco. Sale del café.

L. ve en una pantalla que según los pronósticos lloverá de jueves a sábado. Seguido. Sin descanso. A L. eso lo reconforta un poco. L. piensa en la ciudad donde nació y decide que, igual, aún no es tiempo de volver, le queda un poco a este viaje. L. habla con W. en algún momento y le promete que Ulises va a regresar y que, como en Los Simpson, va a atravezar a sus pretendientes con una lanza. L. recuerda cosas al azar, como esa noche en Lima, fumando mariguana en una calle de Miraflores con un español en extremo amanerado y un francés imbécil con complejo de Manu Chao. Recuerda que esa vez llegó la policía. Recuerda que detesta a Manu Chao y que alguna vez trató de cambiar una entrada VIP de un concierto de ese sujeto por drogas o dinero para alcohol. Luego recuerda que lleva cerca de tres semanas sobrio y le da sed. Maldice todo el día. Se aburre. Se desespera. Se angustia. Se frustra. Se llena de rabia. Se odia. L. compra el diario, lo lee, se burla y selecciona los titulares que más lo divierten.

Después no importa, caminando y pensando pendejadas L. llega a su casa o a la casa de un amigo a preparar una pasta o a la casa de An. a hacer una de sus inadecuadas visitas. L., ocho días después, ya ni se acuerda. Sólo sabe que ese día, como tantos otros, renunció a algo, abandonó algo, se rindió una vez más. L. le da vueltas a lo del bloomsday por varios días en la cabeza y al final hace una pendejada, no es capaz de terminar lo que empezó, no le da el tiempo, la cabeza, algo siempre le falla. Maldice todo el día. Se aburre. Se desespera. Se angustia. Se frustra. Se llena de rabia. Se odia. Se asquea. Se renuncia. Se reconcilia.

Ya sabremos más de L.

...

Hay días que cuando terminan me hacen sentir que he vivido mucho en unas pocas horas. No pasa nada, ningún suceso extraordinario, la misma rutina decadente y mediocre de siempre. Sin embargo la variedad de sensaciones y sentimientos que vivo casi a diario no dejan de maravillarme; trato de no sentir, pero una vez empiezo, me gusta y no puedo dejarlo. En un día puedo sentir muchas cosas -cosas muy negativas en los últimos tiempos, pero cosas al fin y a cabo-. Se siente, que es lo importante. Se sobrevive, que es lo importante, me digo muy a menudo.

Escribió L. antes de acostarse. L. ese día tampoco pudo dormir.

10 de junio de 2009

Almuerzo al desnudo I


Ahora dice no creer.



Yo también la recuerdo, muchos años atrás.

6 de junio de 2009

10 pasos para



1. Quisiera escapar pero no sé a dónde ni de qué.
2. Quisiera desaparecer pero ya soy invisible.
3. Remítase a 1.
4. Repita 2.
5. Vuelva a empezar.

(x2)
_________________________

En caso de incendio:

1. Conserve la calma.
2. Ubique las salidas de emergencia.
3. Tome el hacha del gabinete.
4. Rompa la ventana más cercana.
5. Salte.

2 de junio de 2009

Respuesta


- ¿Cuando regreses a Bogotá vas a recordarme?
Dijo mientras se vestía.


La idea era que mi vida cupiera en una maleta.
Pero el viaje me fue aumentando el equipaje.

I (wanted to) stay on the run.

Home is where...

25 de mayo de 2009

Justo ahora

Podría escribir algo, justo ahora.

A ver: se trataría de un tipo, un guía de museo que también hace parte de la exposición. Algo así como que él es el expositor y, a la vez, el tema expuesto. Este señor sería un indígena, por ejemplo; el último de su clan, según se dice; pero no sería un indígena puro, el príncipe que dicen que es, sería más bien el rezago del amorío carnal entre una indígena y un europeo muchos años atrás; una vergüenza en su momento, aunque ya nadie lo recuerde. Y esto él lo sabe y nadie más, y es un conocimiento que algunas noches lo atormenta y lo lleva a tener pesadillas en las que se ve parado sobre el agua, en la mitad de la laguna, desnudo, tiritando de frío, conciente de que si da un paso en cualquier dirección se hunde y se muere, conciente también de que tarde o temprano va a amanecer y la gente de la aldea lo va a ver ahí parado y lo va a entender todo y él, igual, se va a morir de vegüenza.

Y el museo, el recinto en donde trabaja nuestro protagonista y que más bien parece un parque temático, es un lugar muy chico, ubicado en donde se supone que quedó algún día el templo lejano de su tribu, a donde sólo iban una vez al año y que es el único vestigio de su civilización y expone un par de telas, un par de ollas de barro y cinco piezas de oro. Y a su guía, claro, la verdadera atracción. Y expondría más, de tener más, pero es que es tan poco lo que queda de su raza que a veces él mismo cree que todo es un cuento que se cuenta solo para poder dormir mejor en las noches.

Él sabe, además, que no es realmente el último de su estirpe. Y lo sabe porque cuando no trabaja y sale a caminar por ahí, reconoce a sus primos y se da cuenta de que ellos decidieron cambiar de tribu, fingir, ser impostores porque les era más rentable; y reconoce también a las hijas y los hijos de sus primos, niños que se pasean por las montañas y por los pueblos, halando una llama o un pequeño burro sucio y desnutrido, vendiendo tejidos con motivos antiguos, cobrándole un par de monedas a los turistas que les sacan fotografías para verlas después en sus países de orgien, en sus continentes nativos, y decir que pobre gente, que al fin y al cabo no son malas personas y que las tradiciones y el rescate de las raíces y los pueblos y la opresión. Y él sabe todo esto pero no siente vergüenza o miedo o asco o envidia o angustia o rabia; siente, y sólo a veces, un poco de lástima y una leve herida de traición, pero se le pasa rápido porque, sobre todo cuando esta solo, pensar en su familia le genera ataques de risa que parecen interminables.

Y este tipo, a quien llamaremos H porque ya es hora de ponerle un nombre, experimenta en ocasiones una vergüenza muy similar a la de sus sueños -pero menos mortal-, que lo lleva a quedarse estático, en silencio absoluto -y esto ocurre sólo a veces, una vez a la semana, cada quince días, de forma inesperada, en cualquiera de los tres recorridos guiados que hace diariamente en el museo-, mirando hacia una esquina en la que, congelado de horror, con los ojos muy abiertos y sin poder parpadear, ve una rata gigante que devora un animal del tamaño de una cabra, y salpica sangre y vìsceras hacia todas partes, hacia las paredes, hacia las vitrinas, hacia el público, hacia su cara.

Estos "incidentes", como H los llama, duran apenas una fracción de segundo, de esas en las que el tiempo se elonga; muy poco, en realidad; un instante en el que todo se detiene, insuficiente para que alguien decida socorrerlo o preguntarle que qué le pasa que si se siente bien, pero suficiente para que todos se den cuenta de que algo muy grave le acaba de ocurrir y que ellos son, de una forma u otra, afortunados por haberlo visto. Cuando el "incidente" termina, cuando el horror desaparece tan súbitamente como apareció, cuando nuestro personaje recobra la noción del ahora y su rostro indígena recupera la indiferencia acostumbrada, H continúa la frase justo en donde la había abandonado, da por terminado el recorrido de la sala y va al patio, en donde se presta para que los turistas se tomen fotos con él y le digan que es muy bonita, muy romántica la historia de su raza, que es al final su propia historia, qué bueno que nos la cuente, y no sólo eso, que su historia es, bien mirado, la historía mía y de ellos y de todos nosotros porque para allá vamos así no nos demos cuenta. Y H posa, sonríe, agradece, mientras contiene el aliento, mientras aguanta las lágrimas y detiene los mocos, mientras, a cambio de una propina, cuenta la historia de uno de sus abuelos, un gran guerrero, el más fuerte que existió jamás en esas tierras, que luchó él solo contra los españoles por varias semanas hasta que al final fue traicionado por una de sus hijas, nunca se supo cuál, y fue capturado y torturado y tuvo la muerte más cruel posible y ya nadie debería olvidarlo porque en el ejemplo de su vida está la clave de la paz y la felicidad, esas que tanto anhelan estas gentes que huyen de todas partes con mochilas y bolsas de dormir amarradas a la espalda.

Cada día, al atardecer, H cierra el museo, del que es el dueño y el único empleado, come algo y se acuesta en un rincón, en un catre que hizo con sus propias manos, en el segundo piso, a donde el público no puede llegar, y canta y reza y ríe y llora y trata de no dormir porque teme no despertar, teme ahogarse en la laguna, teme morirse y acabar así con su estirpe y que los relatos de sus tíos y las aventuras de tantos y tan grandes guerreros se pierdan en el olvido, porque él, y no es así porque él lo quiera sino porque es su destino -y a esta altura ya empieza a sentir calor y a dormirse más tranquilo-, es el encargado de proclamar su legado familiar, el encargado de sembrar en toda esa gente que viene a verlo, la semilla de una sabiduría que es tan antigua como los primeros hombres de este lado del mundo y de quien él es, efectivamente, el último defensor.

Podría, sí, cómo no, escribir algo. Justo ahora.

25 de abril de 2009

Cierro los ojos

Cierro los ojos. Hay instantes en los que todo lo que queda es cerrar los ojos. Me acuesto en la cama y hundo la cara entre la almohada, agarro fuerte las cobijas, con las dos manos, tratando de frenar un poco la velocidad con la que el mundo gira. A veces funciona. El planeta se desacelera y todo se ve de otro color, ocres desaturados y pastozos que se difuminan y se esparcen, las formas se ven más definidas y los eventos adquieren unas dimensiones más cercanas a la verdad eterna, opuestas a la deformación gigantista del movimiento. En otras ocasiones, aclaro, no importa que tan fuerte se agarre uno de las cobijas porque es la cabeza la que decide girar y girar y lo hace tan rápido y con tal fuerza que lo recomendable es soltar las mantas y sujetarse el cráneo (manos al parietal y al frontal o a los temporales, presionar hacia abajo, hacia el tronco).

El punto es que en esos momentos, ahí acostado, si se presta atención, se puede sentir el verdadero vacío. El verdadero vacío no es ese pequeño y autocontenido que se siente a veces en el pecho cuando se camina por la calle y se mira hacia atrás y se ven todos los años que se han vivido, al mismo tiempo, en forma de nube de humo, esférica y azul. El verdadero vacío es diminuto, insignificante, ni se ve, pero tiene la mitad de la fuerza de un agujero negro y chupa y chupa y por eso es que se siente que las tripas se van a voltear y que uno también se va a voltear y que todo el universo se va a voltear, como si fuera de doble faz.

Hay que tener el instinto afinado. Hay que abrir los ojos antes de que venga la implosión. Y una vez el riesgo de implotar pasa hay que pararse y encender o apagar la luz y abrir o cerrar la puerta del cuarto y salir y coger rumbo a su calle preferida.

Ahí es cuando viene la explosión. Pero de esa hablamos después.

27 de julio de 2008

Pertenencias

Siempre he sido muy descuidado con mis pertenencias, las dejo tiradas en cualquier parte y las pierdo para siempre. Fue así desde que estaba en el vientre de mi madre, ahí dejé mi carisma, del que luego mi hermana se adueñó. Cuando niño, en el colegio, perdí lo que llaman el buen gusto; fue una tarde en la que, casualmente, encontré la culpa y mis autorecriminaciones. Por esa época también perdí la confianza.
Más tarde en la adolescencia, en el teatro del colegio, perdí la dignidad al lanzarla con fuerza junto a mi camiseta hacia el público. Por fortuna aún conservo la vergüenza. Un día, no supe cuándo ni dónde, perdí el amor: cuando quise utilizarlo ya no estaba.
Hace poco perdí el pudor en una habitación de motel: se quedó sobre la alfombra y no lo vi al salir; esa misma noche, más temprano, perdí el miedo en un callejón oscuro y encontré los brazos y los labios de una mujer. Ayer tropecé y lo que creo era mi inspiración se quebró en varios pedazos que se fueron con la lluvia.


Ahora no encuentro mi concentración por más que la busco. Y la necesito con urgencia. Alguien me dijo haberla visto bajo su cama, pero no estamos seguros de que sea ella. Se está escondiendo, hay que esperar a que salga y cerciorarse: si es pequeña, fea, blanda y negra, es mi autoestima, no mi concenctración.
Y así voy, todos estos años partiéndome en pedazos y botándome por ahí, abandonándome en cualquier lugar, desintegrándome de a pocos, fragmentándome. Al menos me quedan mis prejuicios, mi desprecio y mi curiosidad, los utilizo a menudo y no sabría qué hacer sin ellos. También tengo mi gusto por la cerveza y mi propensión a dormir en horarios inusitados. Están, además, mis sueños y mis demonios internos; pero esos no me molestaría que se perdieran uno de estos días.


Ah sí, se me olvidaba, mi memoria... mi memoria... mi memoria... ¿esa dónde fue que la dejé?

29 de marzo de 2008

Statu quo

Escribir basura para desahogarse de algún modo. Estar solo en casa, fumando, bebiendo cerveza, utilizando el dolor físico para recordar. Ser incapaz de organizar mi mente, mis pensamientos, mis cosas. Ser débil, susceptible. Autodestrucción mediocre -como todo lo demás-, en cuotas pequeñas, aceptables, que no se note, nada demasiado radical, bien medida. Pensar en viejos vicios, pronto adquiridos, pronto abandonados. Intentar nuevas prácticas. Abandonarlo casi todo. Pensar en claudicar. La última rendición.

Ser incapaz.

Una nueva última oportunidad. Eternas últimas oportunidades. Nunca tocar fondo. Caer eternamente. Levantarse por un momento y luego desfallecer con más fuerza. Equivocarse siempre. Nunca arrepentirse. Sandeces y más sandeces. "Quinceañerismo".

No poder pasar de la palabra a la acción. Incapacidades. Teoría intrascendente. Las palabras y las frases no se unen como se quisiera, como debieran.

Encontrar no lo que se busca sino un placebo que parece, de momento, adecuado. Recordar que se había dejado de buscar.

Pensar en las previsiones de los demás, en que algún día, sin quererlo, se les dará la razón. Al final fueron ellos los que siempre supieron, los que tenían la sensatez y el resto de cosas de su lado. ¡Bum!

Reconocer -aceptar, porque ya se sabía pero se pretendía ignorar- el falso desenfreno, los últimos tiempos, como un distractor, una excusa para no encontrarse consigo mismo.

¿Cómo se les ocurre confiar en mí para tratar de subirles los ánimos?, ¿orientar?, ¿aconsejar?, ¡por favor!

Preferir ser otro tipo de persona. Saber que no es posible. Las cosas son como son.

Intentar.

Frustración.

Repetición.

Resistir.

Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.
Inmutable.

Et cetera ad náuseam.

30 de diciembre de 2007

Disertaciones temporales

Time, Real and Imaginary

An Allegory

On the wide level of a mountain's head,
(I knew not where, but 'twas some faery place)
Their pinions, ostrich-like, for sails outspread,
Two lovely children run an endless race,
A sister and a brother!
This far outstripped the other;
Yet ever runs she with reverted face,
And looks and listens for the boy behind:
For he, alas! is blind!
O'er rough and smooth with even step he passed,
And knows not whether he be first or last.

Samuel Taylor Coleridge


El futuro y el pasado sólo existen en nuestra mente, son elaboraciones del lenguaje, de la memoria y de ve tú a saber quién más. Con lo que contamos es con el momento presente, el ya, el ahora, el oxímoron que se extiende desde el "instante eterno" hasta todos y cada uno de los recuerdos de tu infancia y las expectativas de tu ancianidad.

Y si no existen -o existen sólo en nuestras cabezas, que viene siendo lo mismo-, se pueden cambiar, ¿no?

La historia la escribe el vencedor, ¿no es asì que dicen?

Y no es que el tiempo sea cíclico, que se repita, es que es siempre el mismo, sólo cambian los detalles, los protagonistas, algunas situaciones.

Parpadeo. Es justo éste el momento en que entro a una sala de cine por primera vez, a penas si puedo caminar y ya Disney empieza su trabajo. Ahora leo un libro de entre una canasta de descuentos, frente a una vieja librería venida a menos, afuera llueve y tengo los zapatos empapados. Ahora una mujer me besa, es media noche y estoy en la terminal de otra ciudad, el último bus para Bogotá sale en cinco minutos, si tan sólo tuviera más tiempo. En este instante leo a media lengua los letreros de las tiendas que alcanzo a ver por la ventana del tren, mi papá me lleva alzado en sus piernas y sonríe mirando al infinito. Mierda, esto es un atraco. Abro la puerta y vuelvo a ver a mi mamá después de muchas semanas, viene en silla de ruedas, mi papá la trae y sostiene alto una bolsa, un suero tal vez. Ahora entro a una sala de cine para ver una película que yo he hecho, por primera vez. Acabo de escuchar la última nota del mejor concierto de mi vida. Ahora camino borracho y con una lata de cerveza en la mano por las húmedas calles del centro de Bogotá, es muy tarde, el alumbrado público no funciona y los nervios me empiezan a fallar. Ahora conozco a la mujer de mi vida pero soy muy estúpido para darme cuenta; ya es muy tarde, la buseta ya le pasó por encima. Acaban de cancelarme una producción por primera vez, y duele, mucho. Estoy semidesnudo en un páramo, me gusta cómo se siente el pasto húmedo en la planta de los pies, las ligeras gotas de lluvia que se estrellan contra mi cara, el milenario frío empieza a subir cuando sumerjo mis extremidades inferiores en el gélido lago, llega hasta el pecho y allí se instala, encuentra buen refugio, nunca saldrá de allí. Ahora mismo muero por mis propios medios, tengo veintisiete años y un bulto de fracasos en la espalda. Ahora muero de un infarto, tengo cincuentayseis años y he vivido con cierta resignación, después de todo no salieron tan mal las cosas. Parpadeo.

Todo puede pasar. Y todo pasará justo ahora. La más mínima decisión cambia lo que viene y lo que fue. ¿Y qué si en lugar de....? pues ya no, trata tú de cambiarlo, ¿qué no es tu mente tan poderosa?

El destino y lo ya vivido se dividen con cada movimiento, las posibilidades son infinitas, los resultados inimaginables. Es como encerrar muchas piezas de color en una pequeña botella, agitar y ver, agitar y ver, agitar y ver, nunca encontrarás el mismo resultado, una pequeña pieza que se resbale cambiará el todo. Me gusta lamar a todo esto "casualidad".

Y claro, todo efecto necesita una causa, pero eso es otro tema. Todo pasa en presente, es a lo que voy.

Los recuerdos y las mentiras están hechos del mismo material. Yo nací el 02 de Setiembre de 1982 en Santiago de Chile. ¿Es un recuerdo?, ¿es una mentira?, ¿qué los diferencia?

Hay infinita cantidad de futuros e infinita cantidad de pasados. No obstante, todos siguen siendo parte de las mismas elaboraciones mentales. El tiempo sigue siendo el presente, lo demás no nos consta.

Al respecto, recomiendo:

- La entrada "Ex futuros" en lo que fue el blog de Héctor Abad Faiolince
- El cuento de Jorge Luís Borges El jardín de senderos que se bifurcan
- El cortometraje Cambiar el mundo de Nacho Vigalondo

4 de noviembre de 2007

Progreso- Hecatombe

Foto de Leidi Vionica en Flickr.

Esto es progreso. Esto es avance. Esto es Primer Mundo. O al menos esto es un país en Vías de Desrrollo. Ahora sí que parecemos una capital europea. Qué orgullo. Es como la decoración navideña del año pasado en el Centro Andino, nievecita de mentiritas, réplicas de renos, trineos, progreso, Primer Mundo en toda su expresión. ¿Quién dijo que en Colombia no había estaciones?, ¿tropicales nosotros?, ¿palmeras?, ¡Ja!
Y hace como tres semanas que empezaron la navidad.


Teoría Cospirtaoria



Foto de Miguelmatus en Flickr.


La granizada fue por:

- La seguridad democrática, el crecimiento económico, el progreso, Colombia es pasión. Se ven los resultados, se ve el avance. Se aleja la hecatombe.
- El Boicot organizado por ciertos metaleros para demostrar su inconformidad con Rock al Parque 2007.
- Navidad, es un regalo de los cielos.
- Navidad, grandes multinacionales con una fuerte presencia en Colombia decidieron regalarnos esto como parte de una campaña de expectativa.
- Es un mensaje de Al Gore.
- El mundo se va a acabar.
- Se acerca la hecatombe.

25 de octubre de 2007

El rostro de un candidato político en una valla publicitaria

Ahí está:
No demasiadas resacas
No demasiadas peleas con mujeres
No demasiados neumáticos desinflados
Nunca pensó en el suicidio

No más de tres dolores de muelas
Nunca se saltó una comida
Nunca estuvo encarcelado
Nunca estuvo enamorado

7 pares de zapatos

un hijo en la universidad
un coche que no tiene más que un año
pólizas de seguros
un césped muy verde
cubos de basura con tapa hermética

seguro que le eligen.

Charles Bukowski

Estamos a pocos días de las elecciones de alcaldes, concejales y ediles en el país. Y en Bogotá estamos jodidos. Eso es algo de lo que hace ya un buen rato me convencí. Guerras sucias, berrinches, caprichos, empecinamientos, chismes, campañas de desprestigio, propuestas aparentemente irrealizables, intereses, ayudas, alianzas, propuestas que se repiten en todos o casi todos los candidatos y que aún así no parece que vayan a realizarse, indirectas, candidatos dedicados a hablar mal del otro en lugar de discutir sus propias propuestas, políticos traicionales, debates que se repiten en cada canal siendo el mismo pero con otro set, vallas, anuncios, publicistas, asesores, volantes, spam...
y, como siempre, el candidato que me parece más adecuado no tiene opciones de ganar. Ninguna. Igual, tampoco es que sea bueno, es que es "el menos malo". Grave. No hay con qué.

La cantidad que se debe haber gastado hasta el momento en todo el país en las diferentes campñas ha de ser impresionante. Qué desperdicio de papel, no saben cómo me preocupo. Y entre los que mejor tajada han sacado están, seguro estoy, publicistas, asesores de imagen, fotógrafos y diseñadores varios. Ahora todos los candidatos a cualquier cosa tienen una sonrisa más natural que los del pasado, ahora son chéveres y usan manillitas, ahora todas son bonitas, altamente atractivas. Porque no les voy a mentir, estas campañas al menos me han parecido agradables estéticamente, no como las que reuerdo de mi infancia, eran horribles actos de barbarie. Y sí, trivializo así de pendejamente la realidad política nacional porque para mí todo es trivial. Especialmente la política colombiana.

Y el Partido de la U saca un comercial televisivo anunciando que respalda una nueva reelección del paráclito -sí, sí, así le dice nuestro amigo Vallejo, ¿acaso yo no puedo?-. Para mí que el país también está jodido. Aunque eso lo sospechaba desde hace harto.

Pero, como siempre, yo soy un pesimista, un fatalista, un mala leche, para mí todo está jodido.

14 de octubre de 2007

Puta

Puta me parece una palabra tan bella, tan noble.
No sé de la profesión, no conozco la primera, pero la palabra me parece sencillamente hermosa.
Pu-Ta, dos sílabas que dicen tanto: "puta vida", "pobre hijoputa", "¡Puta!", "maldita puta".
Prestarse para tanto pidiedo tan poco, para desahogar rabia, frustración y resentimiento, ha de ser algo loable.
Pero no, nadie quiere a la pobre puta, todos la desdeñan y le ponen pitos encima. Pero bueno, así es la puta vida, todos lo sabemos.

Si fuera poeta le escribiría un poema.

Si fuera narrador le redactaría un cuento.

Si fuera escultor, pues es obvio.

Si fuera músico le compondría una sonata.

Pero como soy un pobre huevón, haré una huevonada.

Y ya.

14 de septiembre de 2007

Afuera llueve y me gusta ver las tejas de en frente teñidas de ese gris empapado, azuloso. También me distraigo viendo las nubes pálidas que corren y mutan tan despacio que se te pasa la vida viéndolas. Y siempre se dijo que yo no me tomaba nada en serio, pero resultó que sí. Y me lo tomo tan en serio que hasta me da miedo admitirlo -pero lo podrán averiguar, todo está lleno de pistas-. Hay tanto por hacer que parece increíble. La vida cambia de un día para otro, pero esto no quiere decir que los cambios no sean sutiles. Es sólo que un día estás tirado en un sofá pensando -y renegando- en las implicaciones morales de la producción masiva de modelos culturales desechables por parte de grandes grupos económicos; o en algo más divertido y menos mamerto: las principales causas de la disminución de la población de dragones en la América colonial, la esfera de Pascal, la forma del Tiempo, las variables que determinan el comportamiento de un autor -cualquier autor, un autor arquetípico, un autor que es todos los autores- ante su obra -una obra que es, en realidad, sólo Una-. Y al día siguiente tomarte una noche para compartir un café, una cerveza, es un lujo que no deberías darte -pero lo haces, eres incorregible o no estás acostumbrado-. Y tienes una agenda. Y la agenda está llena de "citas", "entregas", "plazos". Y lo disfrutas, no sabes cuánto. Afuera no llueve, pero me gusta imaginar que así es.

Increíble que ya lleve un mes.

Y entonces no debería pero nos vemos el fin de semana en Jazz al parque. Pero shhhh, con discreción, algunos no deberían enterarse.

Los dejo con una "corta" cita: Julio Cortázar, Rayuela -en adelante "El Esquivo"-, capítulo 17:

"... una trompeta anónima y después el piano, todo entre un humo de fonógrafo viejo y pésima grabación, de orquesta barata y como anterior al Jazz, al fin y al cabo de esos viejos discos, de los show boats y de las noches de Storyville había nacido la única música universal del siglo, algo que acercaba a los hombre más y mejor que el esperanto, la Unesco o las aerolíneas, una música bastante primitiva para alcanzar universalidad y bastante buena para hacer su propia historia, con cismas, renuncias y herejías, su charleston, su black bottom, su shimmy, su foxtrot, su stomp, sus blues, para admitir las clasificaciones y las etiquetas, el estilo esto y aquello, el swing, el bebop, el cool, ir y volver del romanticismo y el clasicismo, hot y jaz cerebral, una música-hombre, una música con historia a diferencia de la estúpida música animal de baila, la polka, el vals, la zamba, una música que permitiría reconocerse y estimarse en Copnhague como en Mendoza o en Ciudad del Cabo, que acercaba a los adolescentes con sus discos bajo el brazo, que les daba nombres y melodías como cifras para reconocerse y adentrarse y sentirse menos solos rodeados de jefes de ofiina, tamente amargos, una música que permitía todas las imaginaciones y los gustos, la colección de afónicos 78 con Freddie Keppard o Bunk Johnson, la exclusividad reaccionaria del Dixieland, la especialización académica en Bix Beiderbecke o el salto a la gran aventura de Thelonius Monk, Horace Silver o Thad Jones, la cursilería de Erroll Garner o Art Tatum, los arrepentimientos y las abjuraciones, la predilección por los pequeños conjuntos, las misteriosas grabaciones con seudónimos y denominaciones impuestas por marcas de discos o caprichos del momento..."

Sigue pero ya me dio jartera.