El escrol infinito
31 de enero de 2012
Inútil e inoficioso
Ausencias
27 de enero de 2012
Autoayuda
15 de enero de 2012
Así lo intentemos
28 de noviembre de 2011
21 de noviembre de 2011
Día 1275 (Visiones)
23 de septiembre de 2011
El scroll infinito
22 de agosto de 2011
(Secretaría de Salud)
13 de julio de 2011
10 de julio de 2011
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I. Nostalgia
II. Nuestro juramento
Los encuentros empezaron a repetirse con cierta frecuencia y de forma cada vez menos casual. Nos prometimos noches que nunca nos cumplimos -ir a bailar a un bar de salsa, acampar fuera de la ciudad y consumir ácidos, ir a ver una película juntos-: siempre seguimos nuestra rutina jazz - rocola. Hasta que todo terminó del mismo modo impreciso en que había comenzado: nos conocimos algún viernes por medio de amigos en común de los que yo me distancié por razones que no caben en este relato; el bar de jazz cerró y ella salió a vacaciones de la universidad -así que por un tiempo no volví a encontrármela por Chapinero-. Fueron unos lindos meses. Yo dejé de contestar un par de llamadas suyas y ella dejó de insistir. Perdimos contacto con la misma velocidad con que nos conocimos.
III. Triste y vacía
Un par de años más tarde me la encontré en la calle en otra ciudad, en otro país. Ella tenía un hijo y yo estaba casado. Ella llevaba unos meses viviendo allí y yo había llegado hacía unos días -iba para un congreso y la semana siguiente me regresaba-. Salimos un par de veces y nos aburrimos juntos una eternidad. Nunca nos volvimos a ver.
IV: Bonus Track
( 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 )
Pd: Estoy estrenanado:
http://gabrielmuelle.co.cc
3 de mayo de 2011
El futuro es ahora
La semana pasada La Madre Europa y junto a ella un cuarto del mundo estuvieron conmocionados, alterados, obnubilados por la contemplación juiciosa de una boda real y de la beatificación de un papa, eventos cumbre que junto a maravillas del ingenio humano como el Clásico Real Madrid Vs. Barcelona nos enseñan el esplendor y la grandeza de los que la sociedad Occidental es capaz. Dios te salve, Reina y Madre, guiános por el único camino posible y no nos dejes caer en tentación. Amén. El futuro es ahora y nosotros somos pasado, presente y futuro. El nuevo amanecer ha llegado y el mundo está bien y mejorando.
Yo también quiero encontrar a mi Príncipe Azul porque es que eso es muy buen negocio: Beatifícame, canonízame, crucifícame, bada baboom boom boom.
Hoy todos los civilizados hijos del mundo libre celebramos en las calles la muerte del mayor bastardo y el fin de todos nuestros problemas. Se hizo Justicia, como dios manda, con efectividad, sangre y explosiones, apenas diez años después del hecho por el que lo condenamos, con sólo unos cuantos miles de millones de dólares invertidos y reduciendo los daños colaterales a decenas de miles de muertos y algunas ciudades insignificantes reducidas a ruinas. It's a war that I feel we just won. La gran sombra ha pasado, la amenaza ha cesado y el enemigo va en retirada. Lo único reprochable es la ausencia del cadáver, porque así no tenemos a quién escupir, no tenemos rostro deformado para arrastrar por calles polvorientas ni ataúd sobre el cual brindar con un par de buenas cervezas y para colmo no faltará el imbécil conspiracionista que asegure que lo de las torres fue un trabajo interno y que la prueba máxima está en que el señor de barbas ahora vive como rey en Bariloche.
Por mí que maten a todos esos hijueputas, por mí bien puedan mátense todos: dispárame, explótame, colateralízame, bada daboom bam bam.
Y mientras el mundo progresa a esa velocidad vertiginosa yo no me quedo atrás porque tengo un empleo y deudas y cada vez me quedan menos de esas cosas que llaman sueños y así está mejor porque lo que uno necesita en esta vida es estabilidad y la estabilidad significa tener mujer e hijos (o al menos un gato que maúlla y grita cuando tiene hambre y ataca, muerde y rasguña cuando está aburrido).
Todo es un chiste pero no se engañen porque todo va muy en serio: empléame, pensióname, impuéstame, bada daboom bam bam.
Este es el futuro y los caníbales aún no regresan a las catatumbas a devorarse a su señor sino que lo hacen en público y la gente los aplaude y los obedece porque aún deciden quién gobierna con su apoyo y el de los guerreros sanguinarios que atacan de noche y asesinan sin piedad porque actúan en nombre de Su Majestad La Verdad y el General Homogeneidad.
Y a mí todavía un par de piernas enmalladas en la calle me cambian el destino.
Bada baboom boom boom.
29 de marzo de 2011
16 de enero de 2011
23 de agosto de 2010
La veo
Ya son las nueve y veinte y perdimos la reserva en el restaurante. Esta noche íbamos a celebrar mi cumpleaños y a adelantar un poco el inicio de los festejos por nuestro segundo aniversario de matrimonio. En lugar de la cena romántica, el cine y el sexo que teníamos planeado, llevamos más de una hora gritándonos y lanzándonos cosas.
La veo: se tapa la cara con una mano mientras agacha la cabeza y sorbe los indiscretos mocos que empezaban a asomar por sus fosas. Observo su enmarañado pelo, sus copiosos rizos de color rubio oscuro que como el resto de su cuerpo se mueven espasmódicos por las lágrimas que mis actos y mis palabras le han causado una vez más. La miro y quisiera acariciar su cabeza, sujetarla por el mentón y besarla intensamente. La escucho y quisiera abrazarla, hablarle al oído y poder decirle que todo va a estar bien.
Pero no digo nada. Hace varios minutos decidí no volver a pronunciar palabra y eso la desespera aún más. Ella, por supuesto, no deja de hablar, de rogar, de prometer. Me dice que no puede vivir sin mí. Me jura que esta semana irá al siquiatra, que no volverá a dejar de tomar las pastillas, que seguirá sin falta con el tratamiento. Me promete que va a cambiar, que hará todo lo que yo le diga, que pronto todo va a estar bien y volveremos a ser felices.
- No. No necesito que cambies nada, así estás perfecta. No quiero que hagas nada por mí, quiero que lo hagas todo por ti y...
Me callo. Estoy que me quiebro.
Ella aprieta su cara contra mi pierna con tal fuerza que por poco me tumba. Yo sé que necesito salir pronto, antes de que todo empeore.
Soy un cretino.
- Deja que me vaya, todo va a estar mejor para los dos.
No es la primera vez que esto pasa y sigo convencido de que lo mejor es que nos separemos, que intentemos rehacer nuestras vidas, cada uno por su lado. Yo sé que ella no me necesita para estar bien.
Sé que el problema soy yo. Sé que el problema está en mi incapacidad para cumplir sus expectativas, en no poder cumplir las reglas, en no lograr ser fiel, en no querer ponerla a ella por encima de mis ambiciones; el problema está en que me siento amarrado, sumiso, conformista, en que no dejo de pensar en el mundo gigantesco que está allá afuera, esperándome, pidiéndome que lo devore, que lo conquiste, que lo domine.
Sé también que el problema está en su enfermedad, en que es imposible para mí entender su enfermedad, en que no concibo que el bienestar de nuestra relación dependa de un frasquito con tres pastillas de colores y un vaso de agua, dos veces al día; en que no me cabe en la cabeza el que nuestro amor y su persistencia y su empeño y su convencimiento sean insuficientes para salir de cualquier problema, para lograr que se sienta bien, que los buenos sueños regresen, que se vayan los fantasmas y los días vuelvan a ser idílicos.
El problema está, además, en que estoy cansado, en que no quiero más noches en vela cuidando de ella, en que procurar su bienestar está acabando con mi salud, en que no quiero salir de casa todos los días rogando porque no haga una locura, dios, no, por favor, que no se le ocurra matarse; en que tengo que trabajar porque si no no hay quién pague por ése hospital y esas medicinas y el tratamiento, en que yo quiero un hijo y a ella las medicinas no la dejan y...
Mientras yo pienso esto ella refriega su cara contra mi pierna y repite que me adora y que no puede vivir sin mí, me pide perdón por faltas que no ha cometido y me jura que me permitirá hacer lo que yo quiera. Siento su aliento caliente subir hacia mi entrepierna, el camino húmedo que dejan sus lágrimas durante el ascenso que, ahora noto, su cabeza está haciendo. Tengo una erección.
Sin ser capaz de reaccionar veo cómo ella rápidamente desabrocha mi cinturón, baja mi bragueta y saca mi verga. Dejo caer la maleta, trastabillo aún sin saber cómo responder y ella con un ligero empujón me hace caer sobre un sillón.
Veo cómo ella lame mi verga, cómo la recorre con su larga, larguísima lengua, cómo introduce mi pene erecto en su boca mientras sus manos me arrancan los zapatos y el pantalón. Jadeo. Intento respirar, intento mantener el control y alejarla con mis dos manos pero ella con otro empujón suave logra detenerme. Sostiene mis manos y sé que he perdido porque conozco todo su poder sexual, conozco muy bien el torbellino de deseo irrefrenable que se esconde dentro de su pequeño cuerpo. Respiro profundo y me dejo ir.
Todo pasa muy rápido y ahora estamos tirados en la cama desnudos. Una sonrisa increíble brilla en su cara mientras veo cómo juguetea con mi verga, cómo se sienta sobre mis piernas y lleva mi mástil hacia su vientre, como intenta medir qué tan profundo es su coño, qué tan adentro llega mi miembro, qué tanto influyen mi tamaño y su hondura en el terrible placer que ambos recibimos.
Veo su cara de placer, su vientre y el movimiento de sus caderas, agarro sus tetas, bajo a su cintura y aprieto con fuerza, atrayéndola, enterrando mis dedos. Eyaculo dentro suyo y me retuerzo al ver cómo arquea su espalda y cierra sus ojos con fuerza.
Ahora sudamos e intentamos recobrar el aliento. Ella descansa sonriente sobre mi pecho y me pide que nunca la deje. Yo acaricio su rostro, beso sus manos y le pido que intentemos dormir.
Pero la engaño una vez más porque no puedo dormir y mientras ella me da la espalda y me arrima su culo yo pienso en cómo carajos llegué ahí de nuevo; intento planear el modo en que voy a escaparme esa noche, aún sabiendo que al menor de mis movimientos ella va a despertarse y todo empezará otra vez.
De repente el sol empieza a iluminar a lo lejos y los pájaros cantan. Decido que debo intentarlo, que es ahora o nunca y me levanto muy despacio. Ella se gira entredormida y murmura algo, yo beso su frente y le pido que me espere, le digo que debo ir al baño, le prometo que no me tardo.
Cuando estoy vestido me paro frente a la cama y trato de grabarme esa imagen: así es como quiero recordarla, bella, desnuda, sonriente, satisfecha.
Agarro mi maleta, camino hasta la puerta y sin hacer ruido la abro. Afuera el sol ya brilla con toda su fuerza.
20 de mayo de 2010
Esas noches (tantas noches)
Llegan de repente los recuerdos y las imágenes de personas y lugares que he dejado atrás, aparece la certeza de lo poco que importan o importaron pero de lo imborrables que son. Rostros indelebles de personas con las que escasamente compartí un trago, una conversación sobre una película o un paseo en el metro. Revivo esa sensación en la piel al caminar en invierno por calles oscuras en busca de un teatro o de un café para entrar a quemar un poco de tiempo y para pensar, para garabatear en mi fiel libreta, para no tener que regresar a lo que sea que en esos momentos llamo casa, en donde sólo me esperan un par de trapos, unas cobijas y un colchón. Restaurantes de comidas rápidas abiertos 24 horas con familias indígenas que cuentan monedas o puticas de catorce años sentadas en las piernas de borrachos barrigones, billares en barrios que se supone son peligrosos, avenidas desoladas que parten en dos a ciudades de millones de personas -de las cuales las mayoría está en sus casas, con sus famiias, viendo la televisión, fornicando o intentando conciliar el sueño, ignorando a ese otro grupo de hombres y mujeres que mientras tanto conducen, cuidan, empacan, atienden, construyen-. Mujeres o travestis -a veces, en la madrugada, es tan difícil y tan poco importante distinguir- que te persiguen por una cuadra o dos gritándote "ven, guapo, para ti hay descuento, para ti es gratis si vienes ya, yo también tengo frío, calentémonos juntos", mientras tú aceleras el paso riendo en silencio y sintiendo pequeños punzones en la espalda, esperando una puñalada que nunca llega y que quizás nunca va a llegar, cuestionándote sobre el tipo de calor que busca esa mujer, en si de verdad es calor lo que busca, en qué es lo que ve en ti.
Esas noches. Tantas noches.
Quisiera poder salir a caminar pero estoy atrapado en la periferia de una ciudad de mierda, sin lugares para ir a divagar, sin caminos para recorrer, sin opciones para caminar. Perdido en un infierno suburbano de gigantes edificios habitados por miles de personas dopadas, indiferentes.
Tantas almas tan solas. Tanta gente operando máquinas con la mente en blanco y las tripas congeladas para poder soportar el horror de la vida, adormecidas para poder levantarse cada día, para no pararse una mañana con el sol y lanzarse por la ventana. Tantas parejas copulando con furia y emoción, tratando de sacarle verdades absolutas inexistentes al cuerpo del otro, queriendo llenar de sexo, de esa cosa tan efímera, el vacío que les corroe la panza y la caja torácica. Tanta gente que se puede tocar pero no se logra conectar.
Y estoy yo.
Yo y mi constante deseo de salir corriendo. Yo y tantas cosas que quisiera cambiar de mí. Yo y ese lo que sea que me obliga a regresar siempre al mismo punto o que me amarra y no me deja perder para siempre.
Debe ser muy difícil quererme. Debe ser agotador aguantar mis continuos e inesperados ataques, esas noches en que todo está bien y yo salto y digo "me voy para siempre y es por tu bien" (para regresar sólo unas horas más tarde como si nada hubiera pasado, a limpiar lágrimas con una sonrisa irónica). Ha de ser insoportable mi incapacidad de comprender a los demás, mi desentendimiento de la enfermedad y de la tristeza, mi convicción de que cualquier cosa -cuando no me pasa a mí- se soluciona con una sonrisa, una despercudida y un nuevo intento. hay que ser paciente para soportar mi continuo inconformismo, mis ganas de no estar aquí pero tampoco estar allá, de estar en ninguna parte, el deseo de irme sin saber a donde. Ni yo aguanto esa angustia que a veces me tira a la cama a llorar y a gritar que todo está perdido, que el fracaso es evidente, que la resignación es la única opción.
Creo que tengo fiebre, me duele un oído y debo trabajar en la mañana. Mejor me acuesto.
L.
7 de diciembre de 2009
Historia de detectives
Ahí entro yo: tomo los vídeos (que están en una pésima calidad) y trato de hacerlos presentables. Busco sospechosos, elimino tiempos muertos, acerco o alejo equis parte, aumento o disminuyo la velocidad para que la acciones se vean más claras. Repaso una y otra vez los vídeos de cada ocasión mientras los edito y, explorando mi faceta más voyeur, me entretengo viendo a la gente que parece no saberse observada
Me gusta imaginarme como uno de esos agentes especiales de las películas de décadas pasadas, con súper computadoras y acceso a satélites, persiguiendo terroristas peligrosísimos a los que, una vez ubicados, debo salir a cazar con mis propias manos (y mi Desert Eagle, por supuesto). A veces también juego al detective y elaboro hipótesis sobre cada caso pero no se las cuento a nadie.
Las fantasías son bonitas pero al final sólo estoy yo en una oficina pobremente iluminada, sentado frente a una computadora demasiado lenta, bajando códecs para poder editar cierto vídeo, con un termo repleto de café hirviendo y escuchando viejo heavy metal que explota desde unos pequeños audífonos mientras llega la hora de ir a mi casa a leer y dormir.
El "caso" en el que trabajo ahora es bastante común: de un edificio residencial se robaron una noche un carro. Los celadores no vieron o escucharon algo sospechoso, el auto estaba en un punto ciego de una de las cámaras y hay un problema con los archivos de la cámara de la entrada/salida del parqueadero y los datos son irrecuperables.
En la cámara que graba el acceso por las escaleras al sótano-parqueadero hay un hecho -aislado de la inevstigación- que me perturba: a las 22:25 una mujer pasa caminando muy rápido y baja las escaleras. Esto parecería normal, pero yo estoy seguro de que la mujer va sin pantalón, en calzones. Estas cámaras graban pocos fotogramas por segundo y la mujer camina muy rápido, por lo que no puedo estar seguro. Las imágenes obtenidas son en blanco y negro y de muy baja calidad y eso también difculta mi investigación. Igual, repaso la secuencia cuadro a cuadro una y otra vez: la mujer está semidesnuda.
La mujer está semidesnuda o yo quiero que la mujer esté semidesnuda. Quiero pensar en una mujer que recibe una llamada antes de la media noche y debe salir con tanta prisa que olvida ponerse un pantalón -lleva las llaves del auto en la chaqueta-, una mujer que corre a solucionar una emergencia familiar o al encuentro de un amante desesperado que por fin se dignó a llamarla o a comprar pan para el desayuno antes de que cierren todo -pero no, esta última opción se descarta porque la mujer, con o sin pantalones, no vuelve en toda la noche-.
Después de perder varios buenos minutos haciendo zoom aquí y allá para salir de mi duda retomo mi trabajo. Como en la mayoría de fotogramas la mujer parece tener las piernas descubiertas decreto que efectivamente iba con prisa y en calzones a definir su destino. Punto final -aunque soy conciente de lo inverosímil de todo esto-.Ahora debo reunir las imágenes donde sale cierta señora que parece ser parte de la banda que robó el carro. Pasada la media noche la señora, que ni es residente ni se sabe qué hace ahí a esa hora, se para frente a la cámara de las escaleras que llevan al parqueadero y obstruye la visión de la portería. Luego de dos minutos se da la vuelta y mira fijamente al lente por un par de segundos y cuando hace eso yo siento que me desafía, que nos desafía a todos y que se burla; que sabe que la estamos viendo y que sentimos un poco de miedo y a ella esas cosas le generan risa y le causan placer. Después baja por las escaleras hacia el punto muerto y ya no la puedo encontrar por el resto de la noche en ninguna de las cámaras.
11 de noviembre de 2009

Este año he dormido en unas treinta camas, un poco más, un poco menos. También dormí en el suelo, en bolsa de dormir, unas veinte veces -en habitaciones ajenas, en colchonetas, en algunas terminales, en un hostal sin camas-. Un par de veces dormí en el piso de una fiesta, sin abrigo, inundándolo todo con mi vómito, tan desecho como me es posible. También dormí en buses, decenas de ellos, de los cama, de los normales y de los de mierda de dos pisos a punto de irse por un abismo y de llevarse al infierno a cincuenta bolivianos que buscan un futuro mejor. Tuve que dormir en un sofá por dos noches y no dormí porque vi televisión hasta que los pájaros cantaron y el sol salió. A veces me acuesto a todo menos a dormir. He dormido muy solo y he dormido muy bien acopañado. He dormido bien y he dormido mal y me he levantado con la espalda adolorida y el dolor me ha durado semanas. No he dormido. He visto muchos amaneceres y he tenido días de setentaymuchas horas.
He salido a caminar a horas no recomendables por ciudades que apenas conozco en busca de oscuridad y algo indefinido que a veces toma la forma de la palabra "paz" y a veces la de "vida" y me he metido por callejones que huelen a orina y que resultan no tener salida y he terminado tomando alcohol para conciliar el sueño y apaciguar los demonios.
Mi hermana hace un par de días me contó que cuando no se puede dormir se acuerda de una vez que éramos muy pequeños y a ella no le daba sueño y yo le dije que pensara en blanco, que viera blanco, y dijo que hace eso y que es como una luz que la abofetea y que efectivamente se duerme. Yo no recuerdo de qué ocasión habla. Luego dijo que cuando yo no estaba se acordaba de eso y se dormía pero se dormía muy triste.
A vece duermo y sueño todo tipo de cosas. Sueño o imagino que soy polvo y me voy por ahí y me desaparezco como siempre he anhelado en secreto. A veces sencillamente pasa que me deshago, que estoy de pie y los átomos empiezan a huír -y lo puedo sentir y se siente bien- y me vuelvo un pequeño, corto y silencioso pppffffffffffff.
18 de octubre de 2009
Yo vide

He visto montañas cubiertas de hielo, alejadas de la sociedad de la náusea y he visto selvas hirvientes y sudorosas y ciudades sucias e infectas con edificios de mentiras y he visto miles y miles de personas caminar con prisa hacia todas partes y hacia ningún lado y he visto hombres morir sangrantes y arrepentidos y los vi también recién nacidos envueltos en placentas y llorando por haber llegado a este mundo y he visto mujeres felices y niños con hambre y he visto mis pies y mis manos y mi reflejo en un espejo y he sentido asco.
He estado aquí y allá y en todas partes.
Y lo he odiado todo.
21 de septiembre de 2009
He tratado de decirte de todas las formas posibles que soy lo peor que pudiste conseguir
Al menos aprendí que cuando alguien te dice “vámonos”, cuando una persona te toma una noche de la mano y te dice “huyamos”, no hay que pensarlo dos veces. Hay que correr, tomar los tres trapos que han sobrevivido y echarlos con prisa en la mochila, hay que juntar las monedas y sacar los tres billetes de su escondite, hay que escribir una nota que diga “voy a estar bien” para luego tomar un taxi que los lleve a un bus, a un avión, a un bote, a un almacén de bicicletas. Hay que agarrar la mano de esa persona y sonreír y decirle “bueno” y besarla y besarla y besarla y besarla hasta haber llegado a ese destino que no importa, que puede ser ningún lugar, que seguramente será ningún lugar.
No, no hay que regresar a “casa”. Entre otras cosas porque tus proyectos seguirán siendo sólo proyectos estés donde estés. Entre otras cosas porque siempre “estarás mejor allá” de lo que “estás aquí”; porque, estés donde estés, ése siempre será el peor lugar y habrá algo perfecto esperándote en otro lado; porque por eso es mejor el movimiento, el que se queda quieto se estanca y se hunde y pierde. Porque en “casa” (o lo más cercano que tengas a ello) estás “tú” y están los “tuyos” y está lo “tuyo” y en verdad que ya no te soportas más y mejor desapareces. Porque hay que ser muy imbécil y muy testarudo para no darse cuenta de que una persona que te dice “ven conmigo” también te está diciendo “no importo yo, no importas tú, importamos nosotros” y “estoy dispuesta a muchas cosas” y también “por favor” y “no importa lo que pase”. Porque hay que ser un idiota para no darse cuenta de que hay pocos lugares donde estarás mejor que junto a ella.
Porque hay que hacer parte de la peor clase de ser humano para darse cuenta de lo anterior y aún así decir “no”. Porque hay que ser realmente un cretino para ver a esta persona a los ojos y decirle con el mayor tacto posible “gracias pero no porque soy demasiado estúpido”. Porque sólo un canalla la abandonaría así como así. Porque entonces, una, dos, tres semanas después estarás atrapado en la misma mierda de siempre, la misma mierda de la que has intentado huir toda la vida y que ahora te llega al cuello de nuevo; esa mierda que te ha llevado a tus escapes mediocres, a tus explosiones de baja potencia; y te arrepentirás y será demasiado tarde. Siempre cuando te das cuenta ya es demasiado tarde para cualquier cosa. Y ahí es cuando notas la verdadera falta que te hacen un buen par de cojones y un baño de sangre que acabe con tantas ambiciones.
Pero a esas alturas ya todo se ha ido al carajo y el remolino de excremento de siempre se ha devorado la mitad de tu cuerpo.
He tratado de decirte de todas las formas posibles que soy lo peor que pudiste conseguir.
Ciudad Infierno, Mayo 20 de 2015
18 de septiembre de 2009
Apuntes varios (1, 2 y 3)
Can I start? Philip asked, but Baines didn't hear; he presented in his
stillness and attention an example of the importance grown-up people
attached to the written word: you had to write your thanks,
not wait and speak them, as if letters couldn't lie.
But Philip knew better than that, sprawling his thanks across a page
to Aunt Alice who had given him a doll he was too old for.
Letters could lie all right, but they made the lie permanent:
they lay as evidence against you; they made you meaner than the spoken word.
Conseguir el gancho, insertarlo con cuidado por el ombligo y halar con fuerza, con las dos manos, hacia arriba, a volver a sacarlo por la boca como si el gancho fuera un anzuelo y él algún tipo de pez deforme; desencajar la mandíbula, desprenderla y dejarla ahí colgando.
Luego, juntar las últimas fuerzas y abrirse como se abre un presente, un obsequio que ha sido envuelto con mucho cariño y no poca destreza. Regalarse.
Al final se quedaría ahí, con las tripas expuestas, esperando a que los curiosos y los insectos cumplieran con sus deberes.




















