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23 de septiembre de 2011

El scroll infinito


¿Cuándo ocurrió?

¿Hace diez meses?, ¿hace dos?, ¿este año o el anterior?

La rutina convierte la existencia en un bloque de contornos poco definidos en el que apenas se distingue un lejano y desdibujado “antes” que más bien parece una ilusión y en el que todo -las personas, los objetos, los acontecimientos, Todo- se funde en una misma materia fragementada en pequeñas partículas de tamaños apenas diferentes, envueltas en una espesa sustancia que las corroe y regenera por igual y con indiferencia. Una sustancia que resulta ser la rutina misma y que nunca para de crecer y de devorar los días, espesando cada vez más y más hasta empezar a solidificarse desde el centro hacia los bordes, atrapando para siempre algunos fragmentos que se conservarán como fósiles engañosos que permitirán a los arqueólogos del futuro crear ficciones que no por falsas pueden ser acusadas de inverosímiles, inválidas o sin importancia dentro del proceso de reformulación y creación de la cadena evolutiva del ego.

Cada semana sucede a la anterior a un ritmo colérico e inclemente, idénticas las unas a las otras, con los periódicos y predecibles intentos de escape -la caminata bajo la lluvia, la borrachera eventual, el sexo y el romance, las lágrimas y los impotentes rituales antisistema como destruir una tarjeta de crédito condenándola a la furia de las manos primero y al fuego después-. Inútiles intentos de escape y de búsqueda de lo significativo, de lo trascendente y de las emociones verdaderas que no tienen lugar en la era del aburrimiento, la sobreestimulación, el scroll infinito y el stream inagotable.
Desperdiciamos nuestras poco valiosas vidas encerrados en la vibración de latas, vidrios y gomas durante horas y horas cada día, respirando el humo venenoso del progreso, concentrados en las mentiras del mundo que tanto nos gusta creer -el amor, la democracia, el entretenimiento, los vicios, la cultura, el maldito progreso-. No hay en nuestras vidas verdadera belleza, verdadero conocimiento, sólo mediocres réplicas que se quedan cortas desde todo punto de vista, pero que son lo único a lo que podemos acceder porque necesitamos el tiempo para producir, encerrados en apestosas oficinas mal iluminadas o en salones de clase en los que no se aprende lo que se debería aprender. Vivimos en una era fugaz y pasajera -y ya sabemos que el problema de lo fugaz es un problema de perspectiva- en la que el mundo es blando y epidérmico, tan ligero y transparente que quien realmente quiere ver no tiene problema en encontrarse con el horror y la desesperación.
Todo lo que queda es seguir intentando, seguir entablando conversación con el anciano acomodador de una sala de cine vacía, seguir saliendo con la mujer que conociste en la fiesta en la que no querías estar, seguir esperando ese golpe de suerte que nunca va a llegar, seguir drogándose, seguir imaginando realidades paralelas mientras haces scroll, te masturbas, stalkeas y sueñas con esa epifanía en que por fin el Arte se te revelará como el camino inequívoco a La Verdad y logrará que, de una buena vez, todos los sacrificios y la mierda cobren algo de sentido.

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29 de diciembre de 2007

Disertaciones temporales

Time, Real and Imaginary

An Allegory

On the wide level of a mountain's head,
(I knew not where, but 'twas some faery place)
Their pinions, ostrich-like, for sails outspread,
Two lovely children run an endless race,
A sister and a brother!
This far outstripped the other;
Yet ever runs she with reverted face,
And looks and listens for the boy behind:
For he, alas! is blind!
O'er rough and smooth with even step he passed,
And knows not whether he be first or last.

Samuel Taylor Coleridge


El futuro y el pasado sólo existen en nuestra mente, son elaboraciones del lenguaje, de la memoria y de ve tú a saber quién más. Con lo que contamos es con el momento presente, el ya, el ahora, el oxímoron que se extiende desde el "instante eterno" hasta todos y cada uno de los recuerdos de tu infancia y las expectativas de tu ancianidad.

Y si no existen -o existen sólo en nuestras cabezas, que viene siendo lo mismo-, se pueden cambiar, ¿no?

La historia la escribe el vencedor, ¿no es asì que dicen?

Y no es que el tiempo sea cíclico, que se repita, es que es siempre el mismo, sólo cambian los detalles, los protagonistas, algunas situaciones.

Parpadeo. Es justo éste el momento en que entro a una sala de cine por primera vez, a penas si puedo caminar y ya Disney empieza su trabajo. Ahora leo un libro de entre una canasta de descuentos, frente a una vieja librería venida a menos, afuera llueve y tengo los zapatos empapados. Ahora una mujer me besa, es media noche y estoy en la terminal de otra ciudad, el último bus para Bogotá sale en cinco minutos, si tan sólo tuviera más tiempo. En este instante leo a media lengua los letreros de las tiendas que alcanzo a ver por la ventana del tren, mi papá me lleva alzado en sus piernas y sonríe mirando al infinito. Mierda, esto es un atraco. Abro la puerta y vuelvo a ver a mi mamá después de muchas semanas, viene en silla de ruedas, mi papá la trae y sostiene alto una bolsa, un suero tal vez. Ahora entro a una sala de cine para ver una película que yo he hecho, por primera vez. Acabo de escuchar la última nota del mejor concierto de mi vida. Ahora camino borracho y con una lata de cerveza en la mano por las húmedas calles del centro de Bogotá, es muy tarde, el alumbrado público no funciona y los nervios me empiezan a fallar. Ahora conozco a la mujer de mi vida pero soy muy estúpido para darme cuenta; ya es muy tarde, la buseta ya le pasó por encima. Acaban de cancelarme una producción por primera vez, y duele, mucho. Estoy semidesnudo en un páramo, me gusta cómo se siente el pasto húmedo en la planta de los pies, las ligeras gotas de lluvia que se estrellan contra mi cara, el milenario frío empieza a subir cuando sumerjo mis extremidades inferiores en el gélido lago, llega hasta el pecho y allí se instala, encuentra buen refugio, nunca saldrá de allí. Ahora mismo muero por mis propios medios, tengo veintisiete años y un bulto de fracasos en la espalda. Ahora muero de un infarto, tengo cincuentayseis años y he vivido con cierta resignación, después de todo no salieron tan mal las cosas. Parpadeo.

Todo puede pasar. Y todo pasará justo ahora. La más mínima decisión cambia lo que viene y lo que fue. ¿Y qué si en lugar de....? pues ya no, trata tú de cambiarlo, ¿qué no es tu mente tan poderosa?

El destino y lo ya vivido se dividen con cada movimiento, las posibilidades son infinitas, los resultados inimaginables. Es como encerrar muchas piezas de color en una pequeña botella, agitar y ver, agitar y ver, agitar y ver, nunca encontrarás el mismo resultado, una pequeña pieza que se resbale cambiará el todo. Me gusta lamar a todo esto "casualidad".

Y claro, todo efecto necesita una causa, pero eso es otro tema. Todo pasa en presente, es a lo que voy.

Los recuerdos y las mentiras están hechos del mismo material. Yo nací el 02 de Setiembre de 1982 en Santiago de Chile. ¿Es un recuerdo?, ¿es una mentira?, ¿qué los diferencia?

Hay infinita cantidad de futuros e infinita cantidad de pasados. No obstante, todos siguen siendo parte de las mismas elaboraciones mentales. El tiempo sigue siendo el presente, lo demás no nos consta.

Al respecto, recomiendo:

- La entrada "Ex futuros" en lo que fue el blog de Héctor Abad Faiolince
- El cuento de Jorge Luís Borges El jardín de senderos que se bifurcan
- El cortometraje Cambiar el mundo de Nacho Vigalondo