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11 de noviembre de 2009



Hace unas noches no lograba dormir y decidí hacer cuentas de cosas. Es que hace años que las ovejas se cansaron de saltar y saltar hasta que les llegaba el sol.

Este año he dormido en unas treinta camas, un poco más, un poco menos. También dormí en el suelo, en bolsa de dormir, unas veinte veces -en habitaciones ajenas, en colchonetas, en algunas terminales, en un hostal sin camas-. Un par de veces dormí en el piso de una fiesta, sin abrigo, inundándolo todo con mi vómito, tan desecho como me es posible. También dormí en buses, decenas de ellos, de los cama, de los normales y de los de mierda de dos pisos a punto de irse por un abismo y de llevarse al infierno a cincuenta bolivianos que buscan un futuro mejor. Tuve que dormir en un sofá por dos noches y no dormí porque vi televisión hasta que los pájaros cantaron y el sol salió. A veces me acuesto a todo menos a dormir. He dormido muy solo y he dormido muy bien acopañado. He dormido bien y he dormido mal y me he levantado con la espalda adolorida y el dolor me ha durado semanas. No he dormido. He visto muchos amaneceres y he tenido días de setentaymuchas horas.

He salido a caminar a horas no recomendables por ciudades que apenas conozco en busca de oscuridad y algo indefinido que a veces toma la forma de la palabra "paz" y a veces la de "vida" y me he metido por callejones que huelen a orina y que resultan no tener salida y he terminado tomando alcohol para conciliar el sueño y apaciguar los demonios.

Mi hermana hace un par de días me contó que cuando no se puede dormir se acuerda de una vez que éramos muy pequeños y a ella no le daba sueño y yo le dije que pensara en blanco, que viera blanco, y dijo que hace eso y que es como una luz que la abofetea y que efectivamente se duerme. Yo no recuerdo de qué ocasión habla. Luego dijo que cuando yo no estaba se acordaba de eso y se dormía pero se dormía muy triste.

A vece duermo y sueño todo tipo de cosas. Sueño o imagino que soy polvo y me voy por ahí y me desaparezco como siempre he anhelado en secreto. A veces sencillamente pasa que me deshago, que estoy de pie y los átomos empiezan a huír -y lo puedo sentir y se siente bien- y me vuelvo un pequeño, corto y silencioso pppffffffffffff.

¿Alguna vez te preguntaste? (38)

23 de julio de 2007

Y siempre fueron uno

Y eran dos y estaban atados por un cordón de carne en la espalda. Y por eso nunca se habían podido ver. Y eran opuestos y eran idénticos. Y por eso se conocían. y cuando uno dormía, el otro despertaba. Y mientras uno dormía, el otro vivía. Y el uno vivía lo que el otro soñaba y el otro soñaba lo que el uno vivía. Y por eso se odiaban. Y por eso se amaban. Y por eso eran el mismo y eran distintos. Y por eso, poco a poco, fueron confundiendo sus identidades. Y cuando uno se levantaba el otro todavía no querìa dormirse. Y cuando el otro querìa dormirse el uno no quería despertar. Y así fue como se dieron cuenta de que el acto voluntario de dormir era un suicidio soluble. Y la vida fue haciendo que les gustara soñar la vida del otro, mas no vivir la propia. Y entonces todo se trastocó y uno quería estar dormido todo el tiempo y el otro también. Y ya ninguno de los dos queria vivir. Y su comunicación era tan pobre que el problema parecía sin solución. Y todo seguía igual hasta que el limbo entre el sueño y la realidad, que era el único espacio donde podìan encontrarse, empezó a hacerse eterno. Y allí sus pasiones se hicieron inaguantables, porque cada uno amaba y odiaba del otro lo que veía en él de sí mismo. Y un día encontraron el modo de separarse. Y lo hicieron. Y se reconocieron. Y al principio fue difícil, porque lo seguían compartiendo todo, menos los horarios de sueño. Y luego decidieron unir sus horarios y vivir al mismo tiempo. Y seguía igual de difícil. Y ahí fue cuando se dieron cuenta de que el sueño ya no era lo de antes, sus problemas ya no desaparecían, permanecían y se hacían imposibles. Y entonces intentaron reunirse. Y como era de esperarse no pudieron. Y con el tiempo la desesperación se hizo más y más grande. Y como la idea del suicidio irresouble los espantaba, cada uno tomó una secreta determinación. Y esa mañana, en el desayuno, cada uno envenenó al otro. Y al final, agonizando, se dieron cuenta de que no eran tan distintos. Y eso que tampoco era que fueran iguales.

Y etonces, en el limbo de la muerte, donde se encontraron de nuevo y por última ocasión, se pusieron de acuerdo por primera vez de verdad en su vida. Y es que antes se ponían de acuerdo sin ponerse de acuerdo. Y entre los dos le dictaron al tercero la historia de sus vidas, y sus conclusiones, moralejas y enseñanzas. Y al parecer pudieron perdonarse.
Y el tercero los escuchó en silencio, como había hecho siempre. Y es que nunca habían sido dos, siempre habían sido tres, pero el tercero no decía nada y por eso nunca lo habían tenido encuenta. Y el tercero, silencioso y meditabundo como siempre, triunfó sin proponérselo, sin darse cuenta. Y ese día nada, ninguno de sus problemas pudo borrarle la sonrisa. Y por fin, sin mayor esfuerzo, pudo deshacerse de los fantasmas atemporales. Y su ser sintético encontró la dicha y la felicidad. Y le duraron bastante. Y al tercero nunca más le gustó dormir. Y el tercero se volvió insomne. Pero eso ya no importa.